La guerra de los días azules

Los chinos se ponen a la par de los europeos en emisiones de CO2

Los ciudadanos cuestionan los niveles de contaminación que publica su gobierno

 

Una carretera de circunvalación de Pekín en un día típico de la capital china. / ZIGOR ALDAMA

En Shanghái el aire siempre es limpio. Casi cristalino. O eso es, por lo menos, lo que aseguran las autoridades a través de las pantallas informativas del metro. No importa que la realidad fuera del convoy se muestre en una oscura paleta de grises, que los rascacielos sean meras sombras en la densa capa de niebla, ni que parezca que la atmósfera se haya solidificado: en la pantalla nunca se muestra un índice peligroso de contaminación. La calidad del aire que respiran los 24 millones de habitantes de la capital económica de China siempre es, según las mediciones del gobierno, por lo menos “aceptable”.

Pero uno se puede llevar un gran disgusto si tiene el software adecuado para saltar la Gran Muralla de Internet y colarse en Twitter, donde el consulado general de Estados Unidos (@CGShanghaiAir) publica cada hora los resultados que recoge su propia estación meteorológica, situada en la delegación diplomática del centro de la ciudad. El sistema automatizado sólo muestra un nivel “bueno” de polución cuando el viento sopla fuerte o tras un gran diluvio. El resto del tiempo se mantiene en un irritante “nocivo para grupos de riesgo” o “nocivo” a secas. En Pekín (@BeijingAir), donde muchas veces el gobierno ha etiquetado como “días azules” algunos en los que es imposible ver a pocos palmos de distancia, la diferencia es todavía mayor.

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Fuente: El Pais, 13/agosto/2012


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